Petróleo: hundirnos en el pozo

Por Isabel Sans
Publicado en Voces el 15 de Octubre de 2026


Un nuevo pozo petrolero costa afuera (offshore) avanza en el Ministerio de Ambiente el trámite hacia su autorización. Con un 20-25 % de probabilidades de éxito, ANCAP y los políticos uruguayos se restriegan las manos calculando cuánto pueden ganar y qué hacer con la plata. Los daños y perjuicios no los miden porque no los pagan ellos.

El pozo de la empresa estadounidense APA se proyecta a unos 200 kilómetros de la costa de Rocha, entre 2.000 y 3.000 metros de profundidad, al lado del talud explorado por la expedición Uruguay SUB 200. Allí buscan determinar la presencia de hidrocarburos comercialmente explotables.

APA planea trabajar cuatro meses en el sitio del pozo y el puerto de Montevideo, utilizando un buque de perforación y barcos de soporte, más dos hectáreas en el puerto para logística y depósito de deshechos.

Al perforar, se tira alrededor sedimentos, lodos y recortes de cemento que entierran a la fauna
submarina hasta siete cuadras de distancia del pozo y afectan la calidad del agua para los organismos
sobrevivientes. Si hay un escape de hidrocarburos o una explosión, además van a dañarse peces y
plancton, mamíferos marinos, tortugas, aves, ecosistemas costeros especiales para su conservación y
playas.

APA (Apache) Corporation tiene antecedentes por fallas de contención de hidrocarburos y gases a nivel
internacional. En Estados Unidos en 2024 debió pagar una multa de 4 millones de dólares, y destinar 5,5 millones más a mitigar emisiones ilegales de compuestos orgánicos volátiles y metano en 422 pozos en Texas y Nuevo México. En Alberta, Canadá, una falla suya provocó en 2013 el derrame de 60.000
barriles de residuos tóxicos.

Acumulación de impactos

La empresa encargada del estudio de impacto ambiental del pozo fue la misma que trabajó para las
empresas de sísmica subacuática que ya tienen sus estudios aprobados por el Ministerio de Ambiente.
Considera los efectos de cada operación en forma aislada, no acumulativa. La presión acumulada de
toda la actividad industrial no la mide nadie.

Cabe hacer notar que la exploración petrolera no se hace en un mar intocado. El mar uruguayo ya está
dañado, en un alcance que no se ha evaluado, por un acumulado de sobrepesca, pesca de arrastre,
tráfico marítimo, dragados, cables submarinos, contaminación por plásticos y vertidos tóxicos,
eutrofización y mal manejo costero.

Pero la presión exploratoria tiene un peso grande. El de APA sería el cuarto pozo en el mar uruguayo,
después de los dos que se hicieron en 1976 y el de 2016, que no encontraron nada. A estos pozos
deben agregarse los años de sísmica (1982, 2002, 2012-2017 y 2026), una sísmica que barre con
disparos de aire comprimido el subsuelo marino matando o lastimando en su recorrido a todos los seres
vivientes.

Ahora en noviembre reanudarían las prospecciones sísmicas, si la Justicia no da curso a la
medida cautelar solicitada por Mar Libre de Pertoleras y Socobioma (Sociedad para la Conservación de
la Biodiversidad de Maldonado) hace casi un año.

Los efectos nocivos de la exploración petrolera no están contabilizados, pero sin duda perjudican la
biodiversidad marina en todas sus formas. A esta vida no se asigna un valor, por desconocimiento.
Tampoco entran en la contabilidad los daños que sufrirá la gente de la pesca (patrones de pesca,
marineros, maquinistas, operarios de logística y plantas industriales, familias en la pesca artesanal), o
empleados en turismo de sol y playa, en agencias, transporte, hotelería y gastronomía.

Oxígeno

La mitad del oxígeno que respiramos proviene de seres vivos en el océano: el fitoplancton. Con un
océano muerto no podremos respirar. El océano es además un amortiguador climático, ya que absorbe
el 90 % del exceso de calor generado por el calentamiento global y cerca del 25 % de las emisiones de
dióxido de carbono (CO2) producidas por la actividad humana.

Pero con la absorción de calor la capacidad de disolver CO2 disminuye, el volumen del agua se dilata,
se alteran las corrientes marinas, y sube el nivel del mar. Además la absorción de CO2 acidifica el mar, y eso deteriora la biodiversidad.

Así disminuye la capacidad del océano de amortiguar el cambio climático, y se acentúa el círculo vicioso de contaminación del aire, efecto invernadero, sequías severas, inundaciones descontroladas, erosión costera, olas de calor extremas, ciclones y efecto bulbo húmedo, haciendo invivibles cada vez más regiones del planeta.

Esto ya están afectando a Uruguay, por eso se ha creado una amplia institucionalidad para respuesta al
cambio climático. El país se mueve en gran medida con energías renovables, y el transporte, mayor
consumidor de hidrocarburos, cada vez se vuelca más a los vehículos eléctricos.

Para un lado va la UTE con las energías menos contaminantes y para el otro ANCAP con el petróleo,
con el consenso de los partidos políticos. Si dejamos que lidere la mentalidad Trump “drill baby drill”, con su desprecio, soberbia y brutalidad, no nos salvamos de hundirnos en el pozo.

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